Opinión
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denigirAlejandro García/ ]Efemérides y saldos[

Los regalos de Natalia lo hicieron retroceder a la infancia, cuando su madre lo reprendía por volver a casa con raspones en las rodillas y los zapatos negros de lodo, enarbolando una dudosa autoridad moral para sojuzgarlo. Tal vez había nacido entonces su firme determinación de no dejarse ningunear por ninguna vieja. Sintió renacer esa rebeldía infantil, ese impulso de reafirmarse ante la tiranía femenina. Pero con una dosis moderada de alcohol en la sangre no perdía los bártulos y en vez de enconar la pelea prefirió desarmar a Natalia con una ofensiva galante.

Enrique Serna

Pero aun si hubiera muchos en la corte, no había quien pudiera compararse con Carlos Denegri. Era el espectáculo, hiciera lo que hiciera. Genial en la primera plana de "Excelsior", toda para él, era cruel e insensible en su vida personal. A las señoras, las suyas, las trataba de putas y a algunas prostitutas llegaría a ofrecerles el lecho conyugal. No podía hablarse de la vida privada de Carlos Denegri, borracho cuando de beber se trataba y trabajador cuando de trabajar se trataba. Muchos querían ser como él, reportero sin paralelo, aun si fuera necesario soportar uno que otro de sus desmanes. Sin alcohol era muy simpático, todo él historia. Mirarlo con su sombrero de lado, sólo eso, podía ser la noticia del día.

Julio Scherer García

Publicada en agosto de 2019 la novela "El vendedor de silencio"(Alfaguara, México, 485 pp.) de Enrique Serna es ya un fenómeno editorial con 4 reimpresiones en sólo tres meses (tres en octubre y una en noviembre. No se dicen los tirajes, sin embargo, el comportamiento del libro muestra un afortunado y atípico arranque en el mercado, como en las luchas: el que pega primero, pega dos veces.). Serna construye un universo narrativo sobre Carlos Denegri, periodista importantísimo desde la época del avilacamachismo, con firme crecimiento durante el alemanismo, con sus cimas durante los periodos presidenciales de Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, y con una caída anunciada, pero no por eso menos estrepitosa, al final del diazordacismo.

   Denegri fue maestro y referente de todos, para bien y/o para mal. Si no estuviera tan torcida su trayectoria, podría decirse que consigue una autonomía del campo del periodismo. Lamentablemente estaba supeditado a las luchas y protagonistas del poder, o sea que no. Como en el caso de Antonio López de Santa Anna, el personaje parece no tener salvación posible. Serna nos lleva a lo largo de casi medio millar de páginas a preguntarnos eso y algunas cosas más, acaso si los personajes literarios deben o deberían ser buenos como los ángeles, sobre todo cuando sube su texto a la literatura.

   Enrique Serna mata varias piedras con el mismo pájaro. Quizás las primeras novelas de caballería que incinera son los muchos libros de coyuntura política que en México se publican. Esto es en el terreno del periodismo, pero el lector corre curioso tras ellos, incluyendo al que prefiere la literatura. Allí están lo mismo Julio Scherer que Vicente Leñero, Daniel Cosío Villegas, Manuel Buendía, Francisco Martínez de la Vega, Anabel Hernández, Miguel Ángel Granados Chapa. No son literatura, aunque sus plumas por momentos olviden la dureza del dato o la certeza de la tragedia de nuestro país, para marcar algún rasgo humano que acuchille al poder. Estos libros cumplen una gran labor y muchas veces han costado sangre y defenestraciones diversas de la vida civil, de la vida cotidiana. Buendía mordió el polvo por lo que sostuvo y la lista es larga. "El vendedor de silencio"está sometido a prueba por muchos de los lectores de estas trincheras. Habrá que ver la resistencia que muestra.

   Tengo por cierto que en los últimos años le han andado moviendo el árbol a Carlos Fuentes, ya que no puede defenderse. Quien quite y las clasificaciones o las jerarquías se recompongan para ganancia de la literatura y su espacio de libertad. Con Octavio Paz sucede algo parecido, sólo que el Nobel es el Nobel, como afirmara El Tautológico. Tengo claro que no hay pelea posible entre "La muerte de Artemio Cruz" y "Los años con Laura Díaz", la idea de historia mexicana se ha esclerotizado en la segunda. Lo que no acabo de entender es cómo novelas como "Los periodistas", "La guerra de Galio", "Arráncame la vida", "Guerra en el Paraíso", o incluso "La grande o el fuego nuevo" de Jorge Piñó Sandoval, se han mantenido con lectores, pero sin un rotundo estatuto de consagración (perdonarán el término).

   La novela de Serna dialoga con estos libros foráneos a la literatura, recoge una tradición larga en la industria editorial mexicana, el círculo pequeño desde el cual el periodista desafía a las verdades establecidas por el poder. Claro, también hay los muchos productos que defienden el sistema o al gobierno en turno. Y la otra interlocutora es esa franja de la narrativa mexicana que se dedica a figuras públicas o a los interiores de esos personajes que han tenido el destino del país en sus manos o han llegado a la repartición del botín posrevolucionario.

Casi Conversación en la Catedral

"El vendedor de silencio"arranca con la seducción de Natalia Urrutia por parte de Carlos Denegri. Es la capa más cercana al desenlace. También es una especie de relato que condensa las diversas etapas de la vida del periodista desde su entrada al territorio hasta su brusca caída cuando le desconectan algunos de los apoyos fundamentales para su vigor. Hay otra constante, la entrevista que Denegri sostiene con Jorge Piñó Sandoval en un restaurant o cantina de la Ciudad de México. Allí la temporalidad se diluye, porque si bien se realiza después del homenaje a Rodrigo de Llano, el Skipper, lo sustancial está en el favor que le pide Piñó a Denegri y que consiste en que presione a Leobardo Reynoso, Gobernador de Zacatecas, para que dejen en paz a una tía que tiene en litigio, con alto riesgo de perderlas, algunas propiedades. Piñó vivió una etapa de enfrentamiento al poder a través de su ejercicio periodístico, mas ahora está al frente de una oficina de ediciones al servicio del gobierno en turno. Recurre al poderoso que antes fraguó su lugar haciendo lo contrario a Piñó. El diálogo recuerda al joven periodista peruano que en una cantina rememora con el viejo chofer de su padre, la vida de los años de la Dictadura de Odría. Acá se trata de dos hombres, periodistas, en la etapa final de sus vidas. Zavalita pregunta ¿En qué momento se jodió el Perú?, la pregunta macro, frente a la micro “¿En qué momento me jodí? Y el fresco de México en su modernización.

   En cambio en la novela de Serna la pregunta es:

   —Sin ánimo de ofender, Carlos, hay algo de ti que me intriga. —Piñó lo miró con curiosidad de entomólogo ante un bicho raro—: Me consta que en tus inicios tenías ideales. ¿En qué momento te volviste cínico?

   —Pragmático, más bien. No olvides que mi padre fue dos veces secretario de Estado. Con él aprendí a moverme entre chacales.

   Piñó es a esas alturas un periodista fuera de ejercicio, recluido en una oficina, viviendo del salario que le proporciona su ex objeto de crítica. Denegri en cambio representa una forma de obtener dinero del aparato gubernamental o de empresarios con peso político, de tal manera que a veces pareciera imponérsele al poder, por lo menos meterle miedo. Habrá que señalar que Piñó está construido con partes de los otros ases, en especial de Julio Scherer. Durante el diálogo se le abjudica una frase que según algunas fuentes es de Scherer: “Eres el mejor periodista de México, pero también el más vil”.

   Al par que discute sus posiciones y la actitud ética del oficio, se agregan otros modelos: entre pares, Denegri, Piñó, Carlos Septién y Julio Scherer forman un póquer de ases. Denegri es el maestro, su fin se acerca, Piñó es la claudicación o el desgaste, Septién es la crítica al corrupto desde una visión de derecha, Scherer es la búsqueda de un periodismo no lamedor del poder, bien hecho y digno. Lo mejor está por venir para él. Entre los escolapios de Denegri está Mejido, nunca alcanzó al maestro. Éste también es comparable con el jefe, el director del periódico que sabe las reglas del juego, se beneficia de ellas, pero no tiene ni el genio de Carlos ni el arrojo. Aun así, se puede decir que recibe varias veces más dinero, en algunas oficinas o de algunos personajes, que el protagonista. Y está la cadena de recambio: el relevo de Zabludovsky, el de éste por López Dóriga, quien por fortuna no está en la novela. Un espectro importante que queda para el lector inquieto es el de los diversos rumbos de los hijos expulsados de Televisa: Zabluvosky padre, hijo, Ochoa, Ortega, Rocha, Loret.

   Desde la cantina, a partir del ir y venir de los interlocutores, se da cuerpo a toda una actividad humana que ha llegado a representarse en México como el embute o el chayote. Pero como dijo Norma, hasta entre los perros hay razas.

Esplendores y miserias del cínico

Denegri es llevado por su padrastro al periódico. Allí empezará desde abajo. Conocerá los secretos del oficio y desarrollará sus cualidades de reportero y entrevistador. Obtener la nota, sacar la expresión única. También llegará a saber que la opinión importa. No sólo quiere firmar sus artículos, también quiere sacar raja. Cuando entrega al Skipper un reportaje sobre los malos hábitos de Maximino Ávila Camacho, se enfrenta al silencio del jefe, pero pronto será llamado por el afectado para integrarlo a una entrega permanente de dinero. A Leobardo Reynoso le lleva dos notas. En una da cuenta de sus excesos, por llamarlo de alguna manera; en otra, lo pone por los cielos. La primera es gratuita, la segunda tiene un precio de cincuenta mil pesos. También descubre que algunos elogios pegan sin que uno tenga la clara esperanza de que ocurra. Escribe bien de Díaz Ordaz. Eso le abre el camino de la TV y de un supersalario de Nacional Financiera, la patrocinadora. Otro buen día el adjetivo adecuado le duplica la gratificación. Ahora hay entradas de diversos rumbos. No tiene en cuenta que ha dejado una enemistad gratuita. Por los tiempos del destape del 69, cancelan el programa, se deslinda la patrocinadora, piensa que la mano de Dios terreno lo ha abandonado. No. Se trata del que apenas camina hacia el cielo, Echeverría. Con eso se cobra, además del apoyo de Denegri a Martínez Manatou, aquella ofensa de los años juveniles en que se burló del político por su ignorancia y lo obligó a salir de la reunión bohemia con la cola entre las patas.

   Denegri aprendió a andar entre chacales. Su padrastro fue político importante. Lo sacaron del carro de las sucesiones y de las caídas parado. Fue un buen ejemplo y buen motor, sólo que durante su estancia como embajador en España durante la Guerra Civil, el joven Carlos se dedicó a hacer negocios con bienes e ideales de la embajada. Allí se acabó su posibilidad de ser diplomático, también el padre cayó en la mirada evaluadora de Lázaro Cárdenas. Fue así que brincó al periodismo, donde llegaría a ser figura única, amada y odiada, modelo y antimodelo.

   En el camino al cinismo que va construyendo conforme lo acompaña y se agranda el éxito, el Skipper le explicitará una de las claves:

   —Don Rodrigo, cuando usted se retire, ¿qué voy a hacer yo?

   —Haga dinero, Carlos, haga dinero —le respondió el viejo—, porque "Excelsior" caerá en manos de una pandilla de ineptos que lo harán polvo.

El personaje recargado

Hay noticias sobre la vida de Denegri con las mujeres. La quema de nalgas a una edecán en servicio de acompañamiento, la irrupción en la alcoba matrimonial de la mano de una prostituta, mientras exigía a la esposa: levántate puta, que ya llegó la señora, el desvelamiento de los senos de Estela para que los comensales vieran con sus ojos que sus pechos eran mejores que los de Ana Luisa Peluffo, el desgaste de la relación con Natalia, las agresiones físicas, el empuñamiento de armas y el papel de éstas en su trágico fin. La novela abre con la muestra de la capacidad seductora del periodista. En su imperio, en su oficina independiente del periódico "Excelsior", ve a una bella mujer con dos hijos y se decide a conquistarla. Y lo logra. Pronto el camino se llenará de obstáculos, en gran parte dictados por sus voces interiores. Los celos, los recuerdos, la sobreponderación de su poder, su estatus de impunidad. Con variantes de algunos elementos es la historia de su vida.

   Más allá de la información de cierto dominio público, está la labor del novelista. Serna avanza con un personaje apoyado en los contextos y en las memorias de testigos y estudiosos de la vida de Carlos Denegri. La vuelta de tuerca que lo logra como personaje está en su pasado. La presencia de la madre va creciendo y hacia el final de la ficción podemos enterarnos de que ha construido en el hijo una historia. Es claro que el padrastro no es el padre biológico y que éste desapareció, finalmente la madre entera al hijo que Francisco se ha ido con otra. Vivirá con la incertidumbre. Con los años sabrá que Francisco fue obligado a retirarse para poder continuar una relación con Denegri padrastro. Más aun, ella estaba embarazada cuando llegó al acuerdo de casarse con Francisco. ¿Y el padre?

   Denegri responde con violencia ante lo que se le impone o no se le entrega. También cuando considera que lo ha obtenido y deja de tener especial interés. Sin embargo, la ira parece ser una consecuencia del miedo, algo que no se explica, que lo ata desde pequeño. Conforme crece, ve que puede dominar, tener poder sobre los otros. Si no le salen las cosas, estalla, su ira oculta el miedo cerval a lo que no va con él.

   Denegri es seductor, generoso, expansivo. Después de unos tragos vienen las brumas del pasado, su poder que no resuelve. Es abrumador y eso mismo lo lleva a situaciones paradójicas. Va por su hijo y le llena el carro de globos. Arranca, prende un cigarro, los globos estallan, producen flama, queman al pequeño. Va por mujeres bellas, las lleva a los mejores lugares, les hace obsequios carísimos. En cuanto interaccionan con un hombre, vienen los celos, los malos consejos, la bronca que no tiene para cuando parar.

   Denegri vive los esplendores de los nuevos ricos, de los que según su frase se bajaron de la Revolución y se subieron a los Cadillacs. La riqueza que escurre le llega a él. Cuando no puede dañar o arrancar frutos al poderoso, aprovecha la información. Un día va la oficina del Presidente Alemán y descubre que una empresa británica afectada por la expropiación petrolera recibirá su indemnización. La empresa está casi en la ruina. Denegri compra acciones, hipoteca su casa para eso, resiste el silencio del gobierno, la indecisión. Cuando se resuelve el caso, las acciones suben como espuma y él puede venderlas con una ganancia sustanciosa.

  Denegri vive las miserias de la dependencia. Su poder es grande, pero siempre es menor que el de alguien. Tiene que pujar para que el máximo dirigente del país sea el que lo protege. Cuando esto no sucede, los hilos de su fortaleza son cortados y él se precipita. Agréguese a esto los propios tiempos de su vida que, como con las acciones, piden se les liquiden las ganancias.

   Novela de poderosa construcción, de variadas perspectivas, de seductora lectura, "El vendedor de silencio" dejará de tener lectores coyunturales y mantendrá los lectores de buena literatura. Creo que le irá bien en esa reyerta. Por lo pronto, es bien merecido su éxito.

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