Opinión

Rubem Fonseca1Alejandro García/ ]Efemérides y saldos[

Yo no era muy perspicaz respecto a mi entorno. Eso comenzó a cambiar cuando me amputaron la pierna. Sin pierna empecé a ver mejor, a entender todo lo que había a mi alrededor. Dicen que eso suele suceder, que es normal; cuando pierdes un sentido los otros se vuelven más aguzados, los ciegos escuchan mejor, pero ¿qué diablos tiene que ver una pierna, que sirve para la locomoción, con la visión y la inteligencia, que ayudan a entender las cosas?

Rubem Fonseca

[“Historias cortas”] Un libro muy inquietante y violento como casi todo lo de Fonseca y con un manejo narrativo envidiable.

Gerardo del Río

Me sorprende encontrar (por otro lado lo celebro, dado el precio) "Historias cortas" (México, 2017, Tusquets) de Rubem Fonseca (1925-2020). Ojalá estuvieran en esa situación los tres tomos de sus cuentos, en la misma editora. Seguramente más que una venta de botadero por pocas ventas, se trata del reacomodo de Tusquets dentro del juego de fuerzas descomunales entre Planeta y Penguin Random House. Ahora, por ejemplo, podemos adquirir “Penélope y las doce criadas” de Margaret Atwood bajo el sello de Salamandra y en la página legal su pertenencia a Penguin Random House.

     El inmenso escritor brasileño que murió el 15 de abril de este año ha llegado a México en buena parte de su obra gracias a la editorial Cal y Arena, después de conseguir el público lector sus primeras obras en Bruguera (“El cobrador”) y Seix Barral (“Pasado Negro”).

     “Historias cortas” reúne 38 cuentos breves. Son tres los ejes que sostienen el libro, aunque la correlación puede ser horizontal, vertical o cruzada. El más llamativo es el carácter de los personajes. Algunos tocados por la enfermedad mental, así manifestada, así tratada, así signada por el predominio de intereses sociales; tenemos también bizcos, ciegos, tartamudos, amputados, cojos, impotentes, insensibles. Hay los de gustos extraños o refinados según los vea el lector: degustadores de pedos, de huesos de pollo, en principio, y ser humano al final; de hostias, de árboles sucedáneos de cuerpos de mujer. Hay oficios que exigen su esfuerzo y cobran su cuota: ladrones, dietistas, delincuentes del ciberespacio, carteristas, pintores, contadores, prostitutas, psicoanalistas, Hay niños, jóvenes, adultos, ancianos. Hay listos y bobos, inocentes, adultos tragicómicos, gordos, faltos de sexo, sobrados de sexo, jugadores de caicos, padrotes, asesinos seriales. Toda una amplia gama maravillosa donde la normalidad también encuentra cobijo y, por ende, rareza, entrando a formar parte del círculo.

     “El roedor de huesos” es una inocente criatura que come pollo y se deleita con el sabor de la carne y encuentra un extra al roer los huesos. Se pasa el tiempo sobre esas frágiles concentraciones de calcio, sobre las más partes más densas del cuerpo y un día inventa su gran coartada. Su criada sufre desmayos. Un día le corta un dedo y le hace creer que ha sido el gato el que lo ha cortado y hurtado. Después de llevarla a curación, se come el dedo y empieza a pensar en lo que sabrá el codo.

     Fui a la cocina, agarré el sartén, le puse aceite y dejé que el dedo se friera en un minuto, sólo un minuto. Después me quedé royendo el dedo toda la noche. Roer un dedo es mucho mejor que roer un ala de gallina asada, es un manjar exquisito.

     ¿Un codo sería más sabroso?

     En “Atracción” encontramos uno de esos seres buenos. Se trata de un policía que odia a los padrotes. Son los más escurridizos de los delincuentes, porque nunca hay prueba contra ellos y a menudo son “sus mujeres” quienes los protegen y defienden, incluso se enfrentan con violencia a la autoridad. Si lo sabrá él que trabaja en la oficina que persigue a los violentadores de mujeres. Este personaje tiene que ejercer su labor de limpiar el mundo de estos sujetos. Entre sus víctimas esté el padrote de su hermana. La lista seguirá, a pesar de la empecinada defensa de las mujeres.

     Como seguramente ya se puso en guardia el lector, el segundo eje es complicado y paradójico, ya que se trata de la temática. ¿Cómo procede la ortodoxia o la punitividad de la moral con esos personajes? Los deja fuera, los descalifica, los condena desde antes, aunque también hace lo posible por no verlos ni oírlos, entre más lejos estén, más tranquila es la vida y se viven las guerras de la existencia diaria sin tanta sangre a la vista.

     Racismo, traición, defectos físicos superados, defectos físicos que hunden, vejez atacada, inocencia en peligro, mascotas extrañas, televisión y pulsos del cuerpo, terapias, venganza, fidelidad, maldad, tormentos mentales, sacrificios corporales, juego, calidad del trabajo.

     La anterior lista empobrece la fuerza del cuento y la calidad del libro. Dice muy poco. En realidad no hay forma de negociar con los temas de Fonseca. El tema del personaje del primer cuento “La lucha contra el prejuicio racial” es el racismo. El personaje defiende a los grupos diferentes. Se casa con una negra virgen y tiene un hijo con ella. Luego lleva a una india y tiene un hijo con ella. Convive con las dos en la misma cama, sin que haya problema y sí una colaboración sustanciosa. A eso ha llegado porque al poner un letrero defendiendo los derechos de las razas y exigiendo su respeto, lo ha hecho violando la ley que marca dónde poner ese tipo de mensajes. Además lo ha hecho en uno de los monumentos del país. Tremenda falta al civismo. Él es un hombre de recursos, pero su padre y su hermano sólo tienen interés por la medicina. Termina recluido en un psiquiátrico. Allí aparecen ciertamente el racismo, pero también los riesgos de la salud, las desviaciones en la defensa de las razas y la probable prolongación del dominio sobre ellas. La moral más ruda y pendenciera, sin duda está de acuerdo en que vaya a encierro, los amantes de una vida libre, ponderarán alto su ejercicio de libertad y placer. ¿El padre y el hermano tienen algún interés por hacer menos competitiva la repartición de bienes? Los electroshocks aparecen.  

     “Susy” es una chica inocente, huérfana, hermosa. La ha adoptado el hermano de su padre. Él es miembro de una banda, donde Evaristo es libidinoso y violento. Se traga con los ojos a Susy. Ahora tendrán que ir a Rio de Janeiro a dar un golpe, pero los otros no quieren que vaya Evaristo, es un tonto, un peligro para el grupo. Recomienda a su sobrina no abrir bajo ninguna circunstancia. Toda la aventura se encuentra bajo presión, piensa en Evaristo inventado alguna treta y saltando sobre Susy. Salen con ventura. Al regresar piensa que la sobrina habrá sucumbido. Ella lo recibe con la mayor normalidad. No ha pasado nada relevante. El calor del tío es preocupante, su fijación por proteger a la sobrina linda en la sospecha. Y por otro lado Evaristo no dudaría en violar a Susy. Y el crimen se pone en peligro por esas debilidades del Otelo.

     ─Calma, Rui. Déjame ver si yo lo logro.

     Sebastião se sentó al volante y en pocos segundos el motor del coche volvió a funcionar. El nerviosismo es una mierda, la excitación nerviosa, la ansiedad es una agonía, lo agarra a uno, a los animales y a las máquinas.

     El tercer eje temático tiene que ver con la forma literaria, aquí cuento breve. Fonseca juega con el lector. No tiene fórmulas y sospecho que también le importan poco las junturas. En esto es un cuentista muy contemporáneo, muy del siglo XXI. A veces se da el lujo de diseminar indicios y de cuidar la normalidad del cuento en su estructura, pero más menudo se olvida de esas formalidades y hace lo que quiere. A veces la sorpresa está en el final, otras en el desarrollo o en el desenlace. De pronto la historia corre sin clímax aparente, sin sorpresa, simplemente entra y sale como un personaje extraño a la casa, que no se detiene a explicar el por qué emprende esa pequeña e invasora ruta.

     En “Humillación” un lector va con una prostituta que promete desde su anuncio ser bella, esbelta, y satisfacerlo incluso en cosas que él cliente no imagina. Y ya en el lugar de los hechos se trata de una mujer grande, gorda, violenta y dispuesta a humillar al que ahora es víctima. El desenlace se impone como latigazo al lector, quien también ha pensado en esa chica que le hará perder la cordura por el placer. Un simple cambio de Eros a Masoch y de Masoch a Sade.

     Tenía que estar gorda, muy gorda, no podía pesar menos de cien kilos. Era la única manera de vengarme de aquellos a los que les gusta humillar a los demás.

     En “Coma” el personaje despierta después de dos meses inconsciente. Le han metido dos tiros y ha sobrevivido. El enfermero le cuenta lo que sucedió, un hombre le quitó su dinero y disparó, y lo que muy probablemente será un regreso lento a la vida cotidiana. El paciente sale del hospital, va a su casa. Saca la pistola, la guarda y se dirige a un departamento. Le abre el agresor original. Intercambian palabras. La mujer del visitado era el origen del problema. Lo traicionaba. Después del asalto, lo dejó. El visitante saca la pistola y dispara. Después de todo valía la pena la mujer, se dice.

     Los cuentos formalmente llevan a la sorpresa o producen una sorpresa por haber dejado pasar lo impactante del planteamiento o del desarrollo. La mezcla de personajes marginados con temas de actualidad dan un sesgo que nunca se alinea con los enfoques ordenadores de sistemas. La vida fluye en los cuentos de Fonseca de una manera que difícilmente podrán tener la bendición laica o la religiosa. A veces arrincona al lector, lo hace replegarse porque toca principios o prejuicios no reconocidos, a veces termina por convencernos de que esta vida es un camote difícil de meter en argumentos o apologías, a veces nos lleva cerca de la ternura.

     Recuerdo una experiencia con el maestro Benjamín Morquecho, conocedor de almas e instintos. Cuando una pandilla de perros te perseguía o defendía su territorio enseñando los dientes, si el peligro de contacto y mordida era inminente, había que pararse y enfrentarlos. Una vez de frente, llevaba su mano al costado y procedía a moverla, girando, hacia atrás, de abajo hacia arriba y al alcanzar la mayor altura cruzar el brazo frente a tu pecho y golpear, en sentido contrario al anterior movimiento, de canto, al líder de la manada. El efecto era mágico, algo se escondía al campo visual del can, de tal manera que resultaba sorprendido y salía aullando con sus seguidores por detrás. Los cuentos de Fonseca son algo parecido, siempre nos sorprende, nos pega de canto, incluso cuando el recorrido es casi normal. Es el golpe que llega imprevisto, vía personajes, tema, forma, pero siempre de canto y nos lanza a huir, a lamerse el ego herido.

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