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Informe Amlo 640x360Natalia Vidales Rodríguez/ Mujer y Poder

SemMéxico

La alta popularidad de Presidente Andrés Manuel López Obrador ciertamente va a la baja, pero sólo a cuenta gotas, y aún se mantiene cerca del 70 % jamás logrado por sus predecesores. Carlos Salinas de Gortari llegó a frisar el 65% en su primer año de gobierno y Felipe Calderón alcanzó el 66 %.

Vicente Fox, con todo y haber sido el artífice de la alternancia electoral, obtuvo el 63 % al llegar a su primer año en Los Pinos, pero, como sea, esas tres calificaciones fueron muy amplias…aunque finalmente todo aquello se les desmoronó con el tiempo y, curiosamente, de manera inversamente proporcional: quien escaló más alto fue quien cayó después más profundo.

El 70 % actual de apoyo a AMLO contrasta con la Opinión Pública y con la opinión publicada: el propio Presidente ha dicho que el 90 % de los artículos y de los comentarios de los analistas e intelectuales en los medios lo critican; y que sólo el 10 % restante es objetivo, o lo apoya en su gestión. E incluso le reclamó públicamente a la revista Proceso su constante maledicencia –cuando fue uno de los medios más enconados contra el neoliberalismo– en vez de seguir los pasos ahora con la 4T — reclamó AMLO– de aquellos periódicos que se sumaron, en su momento, a la ideología de la Revolución Mexicana.

Por supuesto que no fue muy lejos por la respuesta cuando Proceso editorializó que el Presidente no le iba a hacer la agenda a la revista. Pero el caso es que el círculo rojo de los medios contrasta con el círculo verde del apoyo popular al mandatario.

La razón es muy sencilla y no tiene nada que ver con la llamada prensa fifí o con su conservadurismo. Por el contrario, hacer la tarea de contrapeso, e incluso de incomodar al régimen señalando los errores y los excesos del poder (y que, por cierto, no tiene ideología) es de lo más vanguardista y pro ciudadano que existe.

Pero, además, hay un par de razones pragmáticas: el apoyo al régimen no “vende” en los medios: es como dar buenas noticias, que van en contra de la morbidez de la gente que –por motivos ajenos a este artículo– prefiere las malas nuevas: Fuller dice que entre más lejos acontece un accidente, mayor es el número de muertos y de heridos requeridos para que se convierta en noticia.

Y después del fiasco que se llevaron Octavio Paz (con Díaz Ordaz), y Carlos Fuentes (con Echeverría), por apoyar a sus regímenes de gobierno, los intelectuales lo piensan dos veces antes de subirse al carro de un político que –por angas o por mangas—pudiera terminar en el basurero de la historia (con la excepción actual de Paco Ignacio Taibo II, quien gustoso se subió al carruaje mágico de la 4T).

Ciertamente que la ciudadanía recela de los medios de comunicación (y encontró refugio en las redes sociales pasando de guatemala a guatepeor): Napoleón decía que los periódicos hostiles eran “más temibles que mil bayonetas”; Chesterton: que el periodismo consistía esencialmente en decir “Lord Jones ha muerto” a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo; y Aneurin Bevan señaló que leer diarios era su forma de “ficción continua”. Vicente Fox, por su parte, recomendaba no leer las noticas de los medios en la mañana “para no arruinarse el desayuno”. Y así.

Respecto de la Opinión Pública, ahí los momios de AMLO varían porque, aunque esta se nutre también del parecer en general, se configura además con los conceptos de los académicos de los periodistas mismos, de los empresarios, los políticos, del clero, de las ONG´s y demás, para quienes la realidad merece una revisada antes de entrar en las entelequias del populismo.

Esa opinión más informada, por ejemplo, da cuenta de que el Presidente se olvidó de los héroes Morelos, Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas, símbolos de la 4T, en su informe de gobierno, en el cual solo mencionó tres nombres propios : el de Carlos Slim (el hombre más rico del mundo, según Forbes), el de Carlos Salazar Lomelí, del Consejo  Coordinador Empresarial y el de Antonio de Valle, también de la iniciativa privada ( que serían los nuevos prohombres de México), excluyendo a Gustavo de Hoyos, de la Coparmex –por motivos que ya todos conocemos: no le aplaude sus decisiones-.

Slim, Salazar Lomelí, y del Valle son de la élite rentista del país que vive de los dividendos de sus capitales; a diferencia de Gustavo de Hoyos y de sus asociados en el sector patronal del país cuyos ingresos son el producto de su trabajo. Se trata de millones de grandes, medianos y pequeños patrones de todo el país que irían a la quiebra (junto con casi 20 millones de sus empleados), si el gobierno se equivoca, a diferencia de aquellos que, simplemente y como ya ha ocurrido, sacan sus fortunas del país.

El jefe de la oficina de la Presidencia es Alfonso Romo, uno de los rentistas más grandes de México, pero como se sumó a la 4T ha quedado libre de culpa, como aquellos arrepentidos de los cuales se vale Dios para salvar al mundo.

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