Opinión
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Seicho Matsumoto
Alejandro García/ ]Efemérides y saldos[

—¿Quieres decir que la caída en desgracia de Otsuka ha sido mi venganza por lo que me hizo? —preguntó tranquilamente.

—¿Tú no lo ves así?

—No, en absoluto —respondió tajantemente—. Eso no basta para satisfacerme. Tarde o temprano, Otsuka recuperará su prestigio. Mi hermano, en cambio, seguirá muerto y siempre será culpable de asesinato —añadió la muchacha, con la vehemencia que la caracterizaba.

Seicho Matsumoto

Lo denominaron el Simenon japonés, pero leído hoy, bien podría decirse que Simenon es el Matsumoto belga. El autor japonés no sólo traza un argumento de espeluznante precisión, sino que incorpora  elementos propios de la crítica política y social.

Fernando R. Lafuente

Para los especialistas en novela negra es un autor importante y familiar, para los lectores comunes ha ido y venido, desde la aparición de sus primeros libros en la década de los cincuenta. Se trata de Seicho Matsumoto (1909-1992), a quien en 2017 Libros del Asteroide ha publicado El expreso de Tokio (1958) y La chica de Kyushu (1961). Sobre la experiencia de lectura del segundo título (261 pp.) diré en primer término que es veloz y pega desde el principio en el ánimo del lector.

Kiriko Yanagida, joven secretaria de unos veinte años, de apariencia frágil e infantil, ha viajado más de 1200 kilómetros desde el norte de Kyushu a Tokio, a fin de conseguir los servicios del gran abogado penalista Kinzo Otsuka, uno de los mejores del Japón. Su hermano Masao ha sido acusado del asesinato de una anciana prestamista, así como del robo de un pagaré, a su nombre, por 40000 yenes. Al llegar a la oficina, uno de los auxiliares le explica a la muchacha que el costo de la defensa andaría por los 800000 yenes, incluyendo medio millón por honorarios. Ella gana 8000 yenes mensuales, pero no se derrota, le pide un descuento del 30 por ciento y menciona que ha oído que los abogados suelen tomar casos en donde sacrifican sus ingresos por nobles causas o por ganar casos difíciles. Otsuka la recibe con muestras evidentes de premura, pues debe asistir a jugar golf con su amante y tiene claro que ya no son los tiempos románticos en que dejaba de ganar honorarios por la fama e incluso llegaba a poner de su bolsillo. Además, se cubre con la verdad de que está muy ocupado. Kiriko se va con un no y con la certeza de que sólo ese abogado podría sacar a su hermano del embrollo en que está metido. Ella busca una segunda entrevista mediante una llamada telefónica sin poder obtenerla.

Keichi Abe es un joven periodista, adscrito a una revista que va de subida en el ánimo del público, y escucha la frustrada conversación de Kiriko con el empleado del abogado penalista. Ella desconfía de Keichi y lo rechaza. Él persiste, porque le conmueve el asunto de la chica y porque ve allí un posible reportaje. Aunque sus jefes y amigos lo convencen de que no tiene caso ese asunto, por otra parte lugar común en los pasillos de la justicia, él se dedica a reconstruir el caso con base en las publicaciones en uno de los periódicos de la región de Kyushu. Así se entera de que Masao Yanagida era un profesor muy estimado por sus alumno y superiores, que perdió 38000 yenes que eran producto de una colecta para un viaje escolar y tuvo que pedir los 40000 yenes a la prestamista a un interés del 10 por ciento mensual, además del cobro por adelantado de la primera mensualidad de los intereses, por lo que sólo recibió 36000. Con un salario de 11000 yenes mensuales le fue imposible pagar siquiera los intereses, por lo que una vez vencido el plazo, la usurera Kiku Watanabe se dedicó a cobrarle, lo cual llegó a hacer con violencia verbal y en público. El día señalado para que él le abonara a la deuda, Masao encontró a la mujer muerta, con golpes en cabeza y costilla. Al sustraer su pagaré, no sabía que la mujer tenía una relación escrita de deudores, por lo que él apareció de inmediato como posible asesino. Además encontraron residuos de sangre de la víctima en los bordes inferiores de su pantalón. Con una defensoría de oficio, Masao fue encontrado culpable y condenado a muerte. Murió en el penal antes de su castigo.

Un día le llega a Otsuka una tarjeta postal en donde se le sintetiza toda la información anterior y donde Kiriko lo responsabiliza de que su hermano haya muerto sin honra, por no haberlo defendido. El abogado indaga entre su personal, recupera la historia y solicita al abogado de Kyushu le preste el expediente. Casi al mismo tiempo, Keichi Abe no sabe qué hacer con la información que tiene, por lo que acude ante el abogado en busca de una consulta. Pese a que ya ha leído el expediente y ha llegado a la conclusión de que Yanagida es inocente, Otsuka se hace el desentendido.

La otra parte de la historia transcurre en Tokio, a donde se traslada un grupo de vecinos de Kyushu, entre ellos Kiriko. Trabajan en bares y restaurantes, establecen relaciones entre gente de vida pobre o de medio pelo. Michiko Kono tiene un restaurante en que la va bien, es la amante de Otsuka. Ella también tiene una relación con Kenji Sujiura, trabajador de su negocio y hermano de quien administra el lugar donde trabaja Kiriko con una amiga que está enamorada de Kenji. Está celosa, le pide a Kiriko que siga al hombre y averigüe si tiene una amante. Así lo hace. Espera paciente que salga de su trabajo, lo persigue a un barrio oscuro, vigila, está a punto de abandonar cuando llega al lugar una mujer. Entra a una casa, después sale y topan cara a cara. Le pide que la acompañe, le muestra el cuerpo de Kenji, le pide que sirva de testigo. Huye. Kiriko se queda, toma un encendedor cercano al cadáver y deja uno de los guantes de Michiko.

Ahora el que necesita de Kiriko es el abogado Otsuka. Él está enamorado de la otra; su mujer, al enterarse de la existencia de la amante, ha abandonado la relación. Y Kiriko ha declarado que no conoce a Michiko, que miente. El abogado ha escondido que quien mató a la usurera es un zurdo y Masao es diestro. Kiriko ha ocultado que estuvo en el lugar de los hechos y que tiene el encendedor del asesino. Lo curioso es que se trata del mismo asesino: Yamagami, un exbeisbolista zurdo, de Kyusu, amigo de Kenji, asesino de la usurera, asesino de Kenji, con esto pretendía acabar las presiones que éste pudiera ejercer en relación con el caso de la usurera. Pero todo estaba contra Michiko.

Noche tras noche, Otsuka visitará a Kiriko en su trabajo para tratar de convencerla de que declare y entregue el encendedor. Los parroquianos pueden pensar que se trata de una pareja casi feliz, casi convencional. Por fin, cuando Kiriko acepta, cuando cree llegado el momento del desenlace, lo cita en su casa, lo embriaga, le dice que está enamorada de él, se le entrega. Ella es virgen:

Sabía que aquella era la venganza de Kiriko Yanagida, pero no fue capaz de desmentir sus afirmaciones.

También sabía que la joven había sacrificado su propio cuerpo. Era virgen. Aquello también le remordía profundamente la conciencia.

Kiriko ha mandado una carta donde acusa al abogado de acoso para obligarla a declarar conforme a sus intereses. En la vida y en la muerte se destruyen trayectorias.

Además del ritmo frenético de la novela, de la trampa que representa la historia, no sólo como vehículo de avance de los personajes, en especial Kiriko, de lograr que la segunda parte sea verosímil y se acepte en algunos de sus episodios ya avanzados en el momento en que nos los cuenta a los lectores: la relación Otsuka-Chiriko-Kenji o el aceptar al responsable Yamagami, quien sólo aparece fugazmente en las acciones, además de todo esto es muy interesante la forma como va escalando los datos que sólo en apariencia se repiten: el relato de una hermana lastimada, la reconstrucción de un periodista en ratos libres, la lectura de un personaje especializado, el abogado, y las consecuencias que desencadena el hecho de que el verdadero asesino de la usurera esté vivo. La deducción de que el asesino es zurdo es sencilla y convincente, no tiene una larga y alambicada explicación y la perversidad o el sacrificio que llega a ser trágico de Kiriko es un manejo verdaderamente genial del personaje.

Sin embargo, Kiriko no le contó toda la historia. No le dijo que, aquella noche, había visto a un hombre que se parecía mucho a Yamagami saliendo del lado oscuro del callejón hacia la calle del tranvía…

Kinzo Otsuka escuchó atentamente a Abe y se quedó boquiabierto al saber que Yamagami, el amigo de Kenji Sugiura, había sido bateador zurdo. Eso significaba que era zurdo. Además, era de la ciudad de K.…

Está por último la cuestión social: Kiriko no tiene para pagar un abogado que le garantice la absolución de su hermano. Su creencia de que en algún lugar de la sociedad o del corazón de los individuos existe una bondad y una justicia total se cae, pero no se cae ella, que sigue a los personajes, encuentra el lugar donde pueda vengarse sin que la responsabilicen, el platillo que le servirán frío, pero que ella ha cocinado con amor y con devoción. Se dice que muchos de los prisioneros padecen condenas injustas, que la pobreza garantiza a veces la cárcel perpetua, también está la palabra anónima, la denuncia asesina, la acusación sin rostro, la bondad que sonríe con angelical justificación y ataca atrás o adelante, a un costado o a otro, al cuerpo que alguna vez amó.

  

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