Opinión
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José Donoso
]Efemérides y saldos[/ Alejandro García

Fue esa sensación de unidad, en aquellos tiempos, lo que hizo que la novela latinoamericana se internacionalizara, y dejáramos de ser todos país islas, culturalmente incomunicados, y las editoriales distribuyeran en todos los países los libros de todos los escritores porque les convenía, y los lectores las devoraran por igual en todos los países.

José Donoso

José Donoso roza y pertenece a todos los niveles que él mismo le otorgó al boom: el pre-boom, el cogollo, el proto-boom, el mini-boom y el sub-boom. Y añado, ahora, el búmerang. Porque Donoso ejerció su maestría en un doble sentido. Maestría a partir de la propia obra y capacidad magisterial, de enseñanza y de entusiasmo compartido. Por eso lo coloco como prólogo a los nuevos escritores latinoamericanos.

Carlos Fuentes

De los cinco autores por lo general considerados como cabeza del Boom, ha sido José Donoso el primero en pasar por la purga del olvido inmediato a la muerte del escritor. Los libros póstumos de Guillermo Cabrera Infante y sus Obras completas en Galaxia Gutenberg/ Círculo de lectores más la permanencia de Tres tristes tigres en el favor del público han hecho que esté allí, con los lectores. El caso de Carlos Fuentes con obra publicada después de su muerte y las numerosas ediciones en el mercado, bien de Alfaguara, bien del Fondo de Cultura Económica, de pronto nos lleva a la duda de si el enfriamiento en torno a su legado es más una percepción subjetiva que una realidad palpable. En los casos de Julio Cortázar y Gabriel García Márquez las obras están en plena ebullición, siendo Rayuela una novela compleja que se vende con mucho éxito en el mercado amplio. Y el caso de cien años de soledad sigue siendo aparte, mantiene el idilio con los decodificadores. En el caso de Mario Vargas Llosa es de Pero Grullo que necesita morirse para saber si el prestigio y los lectores lo acompañan después de su entrada al cementerio.

   Algo hubo en Donoso desde el principio y fue no sólo su inserción un poco desde fuera, como cuando cuenta su Historia personal del boom, donde es parte, pero a veces le gana la mirada crítica o burlesca y eso a veces lo mantiene en el margen, lo manda como espectador y no como protagonista. Guardadas las distancias, Christopher Domínguez Michael parece mandar a Ricardo Chávez Castañeda más a la orilla que al centro del crack y una de las razones es la de ser el historiador del grupo. Quizás todavía no estamos preparados para asumirnos como sujetos del campo literario y como narradores o historiadores. Los libros de ensayos y de memorias, rememoriaciones de movimientos y épocas, suelen ponerse en un costal aparte. Estoy seguro que no será siempre así. En el caso de Donoso agreguemos la temática, la decadente mirada y la decadente realidad, que a veces llegó a fastidiarle al autor, pero que está allí en toda su obra, desde Coronación hasta Donde van a morir los elefantes (desconozco la novela póstuma Lagartija sin cola). No es grato asistir a un mundo de enanos, viejas dispuestas a ser coronadas, ancianos caciques que dictan la vida y la muerte de comunidades enteras. No son historias felices, con retorno posible. A la deformación que suma la vejez, qué vuelta de ventura puede esperarle. Además de la temática, a veces la suerte no le acompañó, como cuando El obsceno pájaro de la noche no pudo obtener el Premio Biblioteca Breve debido a su cancelación por parte de Seix Barral. Donoso gozó del favor de amplio público en las décadas de los 80 y los 90 (murió en 1996) y todavía en la primera década de este siglo fue publicada en 2007 su novela postrera.

   Artículos de incierta necesidad (Barcelona, 1998, Alfaguara, 513 pp.) es una recopilación de ensayos y/o artículos periodísticos, en su mayoría de las dos últimas décadas del siglo pasado, con algunas piezas de los 60. Contraria a su obra de ficción y fricción donde uno se pelea para mantenerse y avanzar, las ideas de Donoso son claras y atractivas, a veces incluso amenas y cubren una gama muy amplia en un escritor chileno que además de ser culto tuvo una formación en las letras de lengua inglesa y se desempeñó como profesor en algunas universidades estadounidenses, lo que no le impidió leer el patrimonio literario en su lengua y en la del resto del mundo. Por otro lado, hay que señalar que la mayoría de estas colaboraciones se publicó en revistas o en diarios de diversas penetraciones, pero gozaron sin duda de lectores, por lo que al convertirse en parte de un libro piden una segunda lectura.

   José Donoso no suelta el matraz donde mezcla diversas experiencias: el viaje y la ciudad, siempre con unas pizcas de literatura, autores y obras, movimientos, historias tentadoras o esclarecedoras. En el viaje, Donoso, muy joven, alguna vez se desplazó a la punta austral de su país y del continente en busca de la armadura que le diera el cargo como escritor y como constructor de mundos. Pero después lo mismo fue Buenos Aires y su persecución de un Borges mítico y mitificado, que una ciudad frenética, multicultural, como México, o una Barcelona con los protagonistas de la inserción de la literatura latinoamericana en el mundo, o Nueva York y su visión incluyente en las entrañas del imperio o incluso la Palermo de su visión y de la pluma de Lampedusa en Gatopardo. Un ingrediente en el viaje es la lengua, la literatura es a menudo un viaje a través de la lengua. Donoso trae a cuenta el caso de Canetti, a quien el novio de una de sus empleadas amenazaba con cortarle la lengua, y quien vive entre lenguas, lo que capitalizó no en la pérdida de la identidad sino en el multilingüismo y la riqueza de la expresión.

   Hay una buena galería de retratos plenos o de personajes apenas dibujados en un trazo magistral. Está, por ejemplo, el seguimiento de Lenin a través de una biografía o la desgracia de Mandelstam por enemistarse con Alexis Tolstoi, quien juró impedirle cualquier publicación entre los soviéticos, lo cual se cumplió, para acabarla de fastidiar, cuando se refirió “a los gruesos dedos del montañés del Kremlin”, a propósito de las manos de José Stalin.

  Están Luis Buñuel, Carlos Fuentes, James Joyce e Italo Svevo, Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez. A veces la dificultad para llegar a un personaje está más en la recomendación que se juzga necesaria que en el ser que se juzga inaccesible. Donoso tuvo mayores problemas para que Jiménez le diera una carta de presentación, porque una vez ante Mistral ésta le brindo hospedaje y contestó a sus preguntas e inquietudes.

   En el caso de Buñuel, estuvo en trato permanente con el cineasta, porque fue propietario de los derechos de El lugar sin límites. Donoso se mantuvo expectante de posibles actores, escenarios, rasgos específicos del séptimo arte, promesas en el borde de la esperanza, hasta que se enteró por otros que Buñuel llevaría a la pantalla otra obra, por lo que la esperanza moría a partir de entonces. Curiosamente no habla de la versión de Ripstein, filmada en 1977 y estrenada al año siguiente y considerada entre las primeras 10 mejores películas del cine mexicano.

   Donoso era un estudioso de la literatura en lengua inglesa y con respecto a la novelística norteamericana sostiene algo que me ha llevado a reflexionar bastante sobre la manera de enfrentar el hecho creativo. Según esto los escritores estadounidenses no se preocupan tanto por innovar el género, sino que escriben dialogando con sus reglas y con sus prácticas del presente y el pasado. Estados Unidos no tiene un Joyce o un Proust, el más adelantado en esto —el Dos Pasos de las primeras décadas del veinte— se repliega pronto y se pone a la sombras de estos dos y de Virginia Woolf. Sus escritores están más en las motivaciones temáticas, pensemos en D. H. Lawrence y en Malcolm Lowry. Eso me ha llevado a pensar que el escritor estadounidense duda menos a la hora de escribir y lleva a la práctica lo que tiene en la cabeza, mediante un trabajo de lenguaje muy sólido, y eso lo lleva a rozar terrenos donde la novela rompe su rigidez y, acaso paradójicamente, produce innovación. Pongo por caso ejemplos tan polémicos como algunos relatos de H. P. Lovecraft y de Stephen King. En el caso de los latinos, el afán de innovar a veces maniata demasiado.

   Nosotros tenemos algo de públicos y generalizadores, mientras que los norteamericanos le dan mayor importancia a la experiencia personal, no generalizadora, no totalizadora, no teorizante. La segunda es la insistencia nuestra en seguir “experimentando” con la forma y el lenguaje, mientras que los autores americanos en vez de atacar y destruir la forma de la novela desde afuera —como Manuel Puig, Vargas Llosa y otros— buscando nuevos lenguajes, los norteamericanos no “experimentan” en general, sino que parecen aceptar las formas tradicionales del idioma y de la novelas.

   José Donoso regresó a su país en los últimos años, era el regreso del búmerang. Pero ya había golpeado. Sus novelas de inicio: Coronación, Este domingo, El lugar sin límites y el Obsceno pájaro de la noche quedaron como novelas rotundas y fundacionales en el terreno de la locura, de la deformación, de la decadencia de seres humanos y grupos sociales. Las producciones de la segunda etapa, donde destacaría Casa de campo, El jardín de al lado y La desesperanza son ejemplos de las mismas obsesiones que gozaron de una mayor penetración en los lectores. Habrá quien prefiera alguna de las etapas o quien se quede con el total de la obra, incluyendo sus libros de memorias y ensayos.

   Al regreso al terruño, Donoso formó escritores. Es la labor que encomia Carlos Fuentes, por si la temática de su narrativa o la amplitud de sus reflexiones no fuera suficiente para crear opinión y dar idea cabal de esta generación de escritores que aún está allí, ya sin el boom de la mercadotecnia, pero sí como reto a seguir a los escritores más recientes. No podemos ser alumnos ya de José Donoso, pero podemos montarnos en ese regreso del búmeran en sus Artículos de incierta necesidad.

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