Opinión
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Orhan Pamuk3
]Efemérides y saldos[/ Alejandro García

Porque cuanto más leemos, cuanto más crecemos en ellas, las viejas historias y leyendas acaban ocurriendo en la vida real.

Orhan Pamuk

En 2005 un funcionario de la provincia turca de Isparta ordenó que fueran confiscados y destruidos los libros de Orhan Pamuk, cuyas posiciones a favor del reconocimiento y la discusión en su país del genocidio armenio le han provocado numerosos problemas; la quema de los libros de Pamuk no pudo tener lugar, sin embargo, ya que las librerías locales no tenían un solo ejemplar de sus obras.

Patricio Pron

En algún otro texto he afirmado que Orhan Pamuk (“A un tercio de La mujer del pelo rojo” en Crítica de El Diario NTR, 116, 29/08/18) junto con Mario Vargas Llosa, ha librado aquella condena de que después del Nobel se acababa su obra y, sobre todo, su carga de ruptura. Quizás la última bandada de zopilotes rondó en torno a la obra de García Márquez con la apuesta de que dado el éxito y la perfección de Cien años de soledad el resto era paja. Después de Crónica de una muerte anunciada y El amor en tiempos del cólera muchas iracundas bocas callaron. Yo cada vez me convenzo más de que los suecos tienen derecho a darle el premio a quien les dé la gana, que por eso es su dinero y su institución, y que abiertamente otros países o ricos del mundo podrían generar sus estímulos económicos y culturales a quien se les ocurra. El problema es que de todos modos, los generados (pillones y pillines), terminan convirtiéndose en antesala del que lleva el nombre del inventor de la dinamita.

   La mujer del pelo rojo (México, 2018, Random House, 280 pp.) de Orhan Pamuk, publicada originalmente en 2016 y escrita entre enero y diciembre de 2015, según consta al final de la novela, trae su apariencia más delgada frente a la reciente Una sensación extraña (2015) de mayor aliento. Presenta una novedad adicional: su primera parte es en sí un libro, una novela y requiere un tipo de lector. Es una historia de amor, un encuentro en que el joven es iniciado por una mujer espléndida, misteriosa. Digamos que exige un lector romántico, que se deje arrebatar. Tiene que ver con el individuo. El joven de 17 años, que hace maniobras para poder ingresar a la universidad. Su padre, farmacéutico, los ha abandonado, en otro tiempo para purgar un delito político, en 1985 para irse con otra mujer, aunque Cem Çelik aún no lo sabe. Empleado de una librería, aspirante a escritor, un día se ve involucrado en la hechura de pozos. Y conoce al constructor: Mahmut Usta. Éste se convertirá en el padre alterno. Mientras que Cem recuerda con cariño y afecto, incapaz de violencia, a su padre real, siente la carga disciplinaria de su patrón y, contradictoriamente, le cuenta relatos de la tradición turca.

   Mientras Cem se aleja de la escritura, a través del oficio y de la recepción de cuentos, que lo llevarán a estudiar Geología, es envuelto por los hilos de las grandes tramas de la vida. Cem viaja a Öngörem, un pueblito a 30 kilómetros al oriente de Estambul, por lo tanto en la zona europea. Allí buscará agua, bajará al pueblo todas las noches, conocerá a la mujer del pelo rojo y quedará prendado casi para siempre y regresará a escuchar algunos de los relatos legendarios de Usta. Cuando van por los 25 metros, todavía con el viejo sistema de pico y pala y torno para subir el escombro, Cem piensa en regresar al pueblo oeste de Estambul donde vive su madre, como paso previo para retomar, lo cree, su camino a la librería y a la escritura. Sólo lo retiene la imagen inquietante de la mujer del pelo rojo. Tiene 33 años, lo ve con una sonrisa, lo incluye en cuanto lo percibe, pero ella pertenece a un grupo de teatro, grupo cerrado, y al parecer está casada.

   Quien salió al escenario fue la Mujer del Pelo Rojo, luciendo una minifalda: sus piernas eran largas, preciosas; llevaba el cuello y los brazos al aire, y su presencia resultaba mágica perturbadora.

   Antes de que se presente la crisis entre Cem y Usta aquel es requerido por su maestro y sustituto de padre a que le cuente una historia. Sólo conoce una versión sintetizada, conocida a trasmano, de Edipo. El hombre maduro no se conmueve con el envío del niño para escapar al destino, la pelea entre padre e hijo sin conocerse y la muerte de Layo a manos de Edipo. La llegada al reino, su ascenso, la toma de mujer, Yocasta, la llegada de hijos y la peste sobre la ciudad. Al conocer la causa, se enceguecerá. A Cem le atrae la furia del hijo y le preocupa el tema de la culpa. A Usta sólo le queda corto el relato.

   Harto, dispuesto a poner tierra de por medio, Cem va a Öngörem, asiste a la representación. Su interés es solamente rojo. Mas una de las escenas trata de la pelea entre Rostam y Sohrah. Éste, el hijo, sin conocer al padre, quiere recuperar un reino para entregárselo. Las condiciones de la región los colocan en posiciones antagónicas. Aquí el padre mata al hijo.

   Después de la obra, Cem tiene oportunidad de hablar y pasear con la mujer de pelo rojo y terminan en la cama. Para él, mundo se ha hecho nudo y lo arroja a uno nuevo. Éste ha sido un inusual camino de dulzura. Al día siguiente, distraído, Cem deja caer al pozo una cubeta con piedra y tierra. Después de un grito terrorífico de Usta, viene el silencio. En parte con el deseo de huir, va en busca de ayuda al pueblo. En parte es su deseo encontrar a la mujer. Ella ha partido y no hay quien le ayude. Regresa a casa con su madre.

   Hasta allí hay una obra completa: el joven que se inicia en la sexualidad y sus placeres y resuelve su violencia con el padre, así sea el sustituto. Es obvio que uno se queda con la imagen creada según cada lector de esa mujer que ha venido a cubrirlo de ventura. Y creo que queda claro que asumí ese papel lector.

   La segunda parte es el crecimiento. Cem regresa a Estambul, trabaja en la librería, pero su interés es otro. Se casa con Ayşe, en quien encuentra un leve parecido a la mujer del pelo rojo. La culpa le roe alguna zona: el abandono del pocero, pero la vida sigue. La relación con su madre es normal, puede leer la vida de su padre y descargarla poco a poco: sus retiros de la casa por política o por mujeres. Todo parece encaminarse a una sutura.

   Se convierte en próspero empresario en su área y eso le permite viajar a países cercanos a Turquía, entre ellos Irán. Es en Teherán donde se vuelve a encontrar con la epopeya nacional: Shahnamed o Libro de los Reyes del poeta persa Ferdousí y, dentro de la gran obra, con la historia de Rostam y Sohrab. Encontrará ejemplares de la obra y múltiples realizaciones en la plástica. En algún momento se preguntará por qué no existe una gran iconografía en torno al Edipo, ya de Sófocles.

   De modo que en territorios muy próximos, encontramos dos tradiciones que tienen que ver con la relación padre e hijo: la occidental, la muerte del padre a manos del hijo y la toma de la esposa; la oriental, la muerte del hijo a manos del padre. Todo esto sucede en Turquía, punto de encuentro entre Europa y Asia, entre el Este y el Oeste (ya sin la geopolítica de la guerra fría).

   Todo parece resuelto hasta que Cem compra unos terrenos en Öngörem y un error en la publicidad hace que la comunidad proteste. La muestra de un altísimo nivel de vida de los dueños posibilita que los vendedores se sientan explotados. El hecho de que Cem aduzca su relación juvenil con el pueblo no hace sino complicarlo. Y más cuando aparece un mensaje de alguien que se dice su hijo. Ahora el ámbito del mito está en Cem. Ese muchacho es producto de la relación de una noche entre el joven constructor y la mujer del pelo rojo. Cem tendrá que ir a parlamentar con los pobladores si quiere conservar los terrenos y ahora tendrá que hacer un arreglo con el heredero, pues en Turquía le corresponden dos tercios de su fortuna.

   Y ciertamente los resultados de ADN confirman el parentesco y aparece la mujer del pelo rojo que algo de su gran belleza conserva. Madre e hijo han vivido en Öngörem, pero el elemento que viene a completar el problema es que la mujer del pelo rojo había sido amante del padre de Cem en una de esas desapariciones que se cubrían con la persecución política. El padre ya ha muerto y el dato pesa poco dentro de la pelea que se da entre la segunda y tercera generación.

   La escena final de la segunda parte es la visita al pozo de Cem con un joven que le ha asignado la mujer de pelo rojo y que al final resulta que es el hijo. El mito no cede, pelean en la boca del pozo, Cem lleva una pistola, forcejean, hay tiros.

   La segunda parte nos lleva más a la exigencia de un lector experimentado, con más alianzas con lo clásico, con más necesidad de realizar operaciones entre realidad, ficción literaria, historias populares, leyendas, mitos, así como de la relación entre Oriente y Occidente. En la primera lectura, confieso que me quedé con la versión romántica, con el acto amoroso sin consecuencias y abierto a un futuro exitoso.

   La tercera parte, la más breve, es el alegato de la mujer de pelo rojo por su hijo. Él ha matado a su padre y lo ha lanzado al fondo del pozo que contribuyera a construir allá por 1985. Es ella la que cuenta la relación con el padre de Cem y cómo pudo enterarse de ello en los paseos del joven mientras realizaba la obra en búsqueda de agua. Es ella la que degrada un poco el entusiasmo del joven, lo grato de la experiencia, es el otro lado de Jano.

   Lo más interesante de La mujer del pelo rojo es cómo esa puerta de paneles corredizos va cambiando la obra y dando profundidad a los diversos sentidos que en ella se producen. En la primera parte hay una iniciación. En la segunda el final es el sacrificio del hombre, el reencuentro con sus culpas: el abandono del pocero, el paso por la superficie con el padre real y el encuentro con la furia que él mismo alimento algún día.

   La mujer del pelo rojo tiene una idea de la escritura. Se lo dice a Cem y al hijo, la necesidad de escribir los hechos de la realidad que se convierten en historias memorables, en leyendas inmortales, en mitos que aleccionan sobre la vida.

  —Pues entonces podrías escribirnos una obra —dijo sonriendo con una expresión llena de magua. Su rostro, ahora más alegre, proyectaba una luz atractiva y seductora—. Me encantaría que alguien escribiera una obra o un libro sobre mi vida, algo a la manera de los monólogos con que se cierra la función.

   La mujer es la gran hilandera, la gran hacedora de las acciones de los hombres, el mito regresa en una realidad literaria que casi se hace ver como la realidad real, pero que es literatura. Habrá que ver si Pamuk ha reconstruido el mito o sólo ha hecho un movimiento en las hojas.

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