Opinión

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Cynthia Híjar Juárez/Lenguantes

Cimacnoticias 

Hace un par de años, escribí para lenguantes sobre la estafa piramidal que se disfrazaba de amor sororal y economía solidaria. A mí me habían invitado a un proyecto, pero cuando estuve en la cita para hablar sobre éste, caí en cuenta de que estaba envuelta en una conversación que se despeñaba indefectiblemente hacia una estafa. Así, en un cafecito de Coyoacán, mientras escuchaba que si regalaba 25 mil pesos, después el destino me iba a recompensar con una abundancia de 200 mil, yo solo podía pensar: chale, nada más vine a gastar mi tiempo en que me vean la cara y mi dinero en un café bien feo.

Como siempre me ha gustado multiplicar, advertí públicamente que se trataba de una pirámide. Las pirámides multiplican una deuda inicial, por lo que mucha gente se ve beneficiada, sí, pero luego está la gran mayoría que se ve despojada de sus ahorros y no ve ni un centavo de vuelta. Digo la gran mayoría y suena a cualquier cosa, pero en el caso de las tejedoras de sueños es una relación de 8 a 1. Es decir, si la flor, telar o pirámide funciona, por cada mil chavas que logren obtener su “abundancia”, 8 mil se quedaran sin sus ahorros, endeudadas, desprotegidas ante una estafa que no está tipificada y que reproduce la precarización de las mujeres.

Este tipo de estafas tiene mayor presencia en contextos de crisis económica y afecta de forma más crítica a las personas que no tienen los recursos legales y económicos para defender sus derechos. Dicho de otro modo, si te enoja esta publicación porque tú sí te llevaste tus cientos de miles de pesos, no te enojes conmigo, mejor enójate con el hecho de que existan estas estafas y piensa en las 8 mujeres que se quedaron sin ahorros para que tú lograras tu objetivo.

Después de la publicación en lenguantes, recibí una ola de mensajes que decían “no es una pirámide, es una flor”, y  “lo que pasa es que piensas como pobre”. Tenían razón en lo de cómo pienso. Por eso me gustaría abrir la conversación precisamente a esto, porque quiero explicarme bien qué significa pensar –o no- como pobre.  ¿Pensar como pobre es sacarte de onda porque entras a una tienda de ropa en cualquier plaza y los precios están solo en euros y te da vergüenza preguntarlos porque deberías poder gastar lo que quieras con una tarjeta de crédito aunque los salarios no aumenten y el costo canasta básica sí? ¿No hacerlo implica escribir un diario donde repita 200 veces la frase sí merezco abundancia? ¿Dejar de pensar como pobre ha tenido resultados comprobables para toda la clase trabajadora que acudimos a los centros laborales entre 8 y 10 horas 6 días por la semana más aproximadamente 3 horas de transporte? ¿Qué significa, precisamente, pensar como pobre?

Permítanme aclarar que me parece importante esta definición porque sí, yo pienso como pobre y ya me lo han dicho muchas veces. La primera, por cierto, también fue cuando advertí una estafa. Mis amigos habían considerado seriamente entrar a un esquema ponzi donde les ofrecían vender jugos carísimos y, además, dar una cuota de 2 mil 500 pesos al mes. Ah, pero si vendían muchas cajas de jugos, en un año iban a ser millonarios. Los acompañé a una reunión y al salir de ésta, Salomón -el muchacho que había invitado a mis amigos- me preguntó mi opinión. Yo le dije que la información que daba estaba sesgada.

Le expliqué: tú dices que la gente gana mil pesos el primer mes, pero si ya invirtieron 2 mil 500, en realidad sólo estarían recuperando mil pesos de su inversión. Al otro mes tienen que dar otros 2 mil 500 y recuperan mil 500. En total habrían invertido 5 mil para recuperar solamente 2 mil 500 pesos, en el hipotético caso de que lo recuperen. De inmediato, Salomón se acomodó el saco de mirrey y, con su acento de fresa de la UVM, me gritó: “lo que pasa es que piensas como pobre”.

Pensar como pobre, para mí, puede ser muchas cosas: tener conciencia de clase, no creer en estafas piramidales, que cuando eras puberta odiaras a RBD porque en tu prepa pública de barrio pesado todos empezaron a sentirse fresas y ya nadie quería ir a toquines de ska contigo, usar el metro en hora pico, traer el celular bien escondido siempre. Para otros puede significar hacerla de tos por todo, quejarte del gobierno, no querer cambios o criticar que digan que una colonia está progresando sólo porque la interviene un proceso de gentrificación.

En todo caso ¿qué tendría de malo pensar como pobre en un país donde todas las personas hemos sido empobrecidas con las reformas estructurales?

Lo que deberíamos señalar es la feminización de la pobreza, no el hecho de que una mujer piense como quiera. Creernos el cuento de que si una deja de pensar como pobre, entonces va a tener abundancia. Ojo, no estoy diciendo que quien quiera abundancia sea mala persona, sino que el cambio no está en una y la abundancia no significa pudrirte en dinero mientras le robas a la gente más desprotegida.

Yo puedo cambiar y pensar como rica, pero eso no va a hacer que los mercados laborales respeten los derechos de las y los trabajadores, ni que los gobiernos garanticen que con los impuestos que pagamos nos alcance para unos servicios dignos de salud, ni que la competencia entre negocios y empresas va a ser justa o al menos equitativa. Y si todo eso no pasa, por mucho que yo piense como rica, mi cartera no va a cambiar.

Cuando decimos que el cambio no está en una, no nos referimos a que no debamos trabajar por lo que queremos, a que no merezcamos vivir digna y plenamente o a que no haya que hacer cambios en nuestra vida cotidiana. Significa que una mujer no puede ser responsable de todo lo que está mal en la estructura social, como intentan hacernos creer la programación neurolingüística, las capacitaciones de centros laborales que no respetan los Derechos Humanos, los fanáticos del emprendedurismo y las sectas de coach.

Amiga, date cuenta, el cambio no está sólo en ti, y lo que le hace daño real al mundo y a los seres que habitamos el mundo es pensar como rico, creer que el mundo, las personas y los animales están a nuestra disposición, que se puede comprar la dignidad y el bienestar. Está bien oponerse a la ostentación como postura política, buscar alternativas a las marcas que explotan mujeres y niñas en todo el mundo, no sentirte obligada a pagar algo que atenta contra tus derechos de consumidora. La feminización de la pobreza no es nuestra culpa, ni nuestra responsabilidad. No tenemos que asumir vergüenza o culpa por cuidar nuestro dinero.

Cuidar tus finanzas, ahorrar, defender tu bienestar económico es un acto necesario para ti y para todas nosotras.

*Cynthia Híjar Juárez es educadora popular feminista. Actualmente realiza estudios sobre creación e investigación dancística en el Centro de Investigación Coreográfica del Instituto Nacional de Bellas Artes.

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