Opinión
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Martha Canseco González/ Botella al Mar

SemMéxico

El próximo viernes se cumplen 50 años de los disturbios en el bar neoyorkino “Stone Wall Inn” que dieron origen tanto al movimiento de liberación homosexual como de la marcha del Orgullo, ahora conocido como movimiento LGBTTTIPAQ.

Acá en México ese mismo movimiento empezó años después de la mano de Nancy Cárdenas y Carlos Monsiváis, por supuesto fue diferente al de Nueva York, pero no estuvo exento de violencia, no fue para nada miel sobre hojuelas. Les presento esta versión literaria de un performance que presenté hace un año en el bar “Cabeza de Gato” de Pachuca con mis amigues de Sexualidades Disidentes.

Parque México.

Yo sólo podía pensar, ¡Gracias, gracias, diosas!, mientras corría con Jaqueline aferrada a mi mano para salvarnos de las piedras, botellas, palos y cadenas que llovían sobre nuestras cabezas. Las hijas de Jackie, ya estaban sanas en su casa, apenas habíamos regresado de dejarlas ahí cuando empezó la corretiza en el Parque México.

– ¡Es que yo quiero que mis hijas vean que hay otra forma de vivir la vida¡- me dijo para convencerme de que las llevara a la kermes que organizaron varios grupos de lesbianas y homosexuales a fin de recaudar fondos tanto para la campaña de la primera mujer candidata a la presidencia de México, Rosario Ibarra de Piedra, como de nuestros primeros candidatos a diputados, Max Mejía, Patria Jiménez y Claudia Hinojosa.

Ni cuenta nos dimos cuando rodearon el parque, llegaron en varios automóviles, era un grupo nutrido de hombres jóvenes con el pelo corto, camisetas del mismo color y cargados de cualquier cosa que sirviera como proyectil.

Corrimos para todos lados, pero a donde fuéramos nos encontrábamos con lo mismo. Las ramas de los árboles desviaban la trayectoria de todo lo que nos lanzaban, así que mientras corrías había que voltear hacia arriba para evitar que te cayeran en la cabeza, eso dificultaba aún más la huida. A gritos alguien pidió que no contestáramos la agresión.

La verdad es que a mis 29 años parecía de goma. La botella de “coca cola” que no vi venir, rebotó en mi espalda, Jaqueline quiso detenerse para ver si estaba sangrando. -¡No, sigue corriendo, después vemos!

Logramos dejar el parque por una de las esquinas, nos adentramos por las calles de “La Condesa” hasta llegar al “Sumesa”, entramos, recorrimos los pasillos para hacer tiempo, compramos algo para salir con una bolsa y despistar al enemigo.

De regreso, lo que vimos en el parque nos dejó sorprendidas, ahora era la policía correteando macana en mano y golpeando a todas y todos, subiéndolos a las patrullas. Por ahí cerca me encontré a Marta, mi pareja. – ¡Vámonos a la delegación, ahí están llevando a todos! -, – ¡Antes vamos a dejar a Jaqueline a su casa! contesté.

En mi viejo Renault que seguía cerca del parque hicimos el recorrido, con un suspiró dejé a mi amiga en la puerta de su casa y partimos a la delegación en la Avenida Cuauhtémoc.

Antes de entrar, una de las compañeras de Lambda nos dijo. -¡Los del MP, no nos quieren decir quiénes están aquí! Todos me miraron, tragué saliva, saqué mi “charola” de periodista y entré, el agente la revisó, me dio el paso. 

Eran cuatro de los muchachos que nos habían golpeado, tomé sus nombres y los entrevisté, así supe que estaban detenidos por un delito electoral, no por habernos atacado.

En la madrugada, antes de dormir, resonaban en mi cabeza algunos de los gritos lanzados por aquellos jóvenes que a manera de insulto, pretendían definir mi orientación sexual.

¡Lesbianas, machorras, tortilleras!

¡No, ésa no soy yo! ¡Yo sólo soy una mujer, que ama a algunas mujeres!

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