Estudiante de Posgrado cuenta su trayectoria en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia
En un campo históricamente dominado por hombres, Valeria Ivonne Delenne Ovalle cursa el tercer semestre del posgrado en Ciencias Básicas con Orientación en Estudios Nucleares en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), donde desarrolla investigación enfocada en la atenuación de la radiación mediante materiales alternativos al plomo.
Su interés por la ciencia comenzó desde la infancia. “Siempre fui muy curiosa, quería saber el porqué de las cosas y cómo estaban hechas”, relata Valeria en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.
Esa inquietud la llevó primero a estudiar la Licenciatura en Químico-Farmacéutico-Biólogo (QFB) y posteriormente a especializarse en el área nuclear, un ámbito que -señala- suele estar rodeado de estigmas: “Las ciencias nucleares están muy satanizadas por los accidentes que han ocurrido, pero no se habla de que convivimos con la radiación todos los días”.
En este sentido, compartió que actualmente trabaja con óxido de bismuto como posible alternativa al plomo, material que tradicionalmente se utiliza para el blindaje contra la radiación, pero que es neurotóxico y bioacumulativo.
La investigación contempla la incorporación de este metal en la síntesis de un polímero, el cual sería rellenado con óxido de bismuto para evaluar su capacidad de atenuación radiológica y explorar su viabilidad en aplicaciones específicas, como la fabricación de artículos de protección personal.
Retos como mujer en el área científica:
No obstante, más allá del laboratorio, Valeria ha enfrentado obstáculos vinculados al género y a los prejuicios que aún persisten hacia las mujeres que son madres en espacios científicos. Desde la licenciatura recibió comentarios que parecían poner en duda su capacidad para desarrollarse en el área. “Me dijeron que no me metiera porque no iba a poder y que no iba a tener oportunidad. Y además agrégale que soy mamá”, comparte.
Su experiencia no es una percepción aislada. De acuerdo con la organización internacional Mothers in Science (MiS), dedicada a impulsar la permanencia de mujeres en carreras científicas, el 38 % de las madres científicas en el mundo reportó haber recibido menos oportunidades profesionales después de convertirse en madres, frente al 13 % de los padres científicos.
Las cifras evidencian una brecha que se suma al llamado “techo de cristal”, esas barreras invisibles que limitan la progresión académica de las mujeres. En el caso de las científicas que son madres, la desigualdad no radica en la maternidad en sí, sino en estructuras laborales y culturales que continúan asignando a las mujeres la mayor carga de cuidados.
“Seguimos en una sociedad donde a la mujer se le deja la mayor parte de la responsabilidad”, afirma Valeria. En su experiencia, persiste la idea de que solo por ser mujer se sabe menos, “pero no es así, frente a ello, la organización se vuelve indispensable”, comenta.
A pesar de estas dinámicas, Valeria ha persistido, pues planifica cada jornada con una agenda y estructura sus actividades con anticipación. “Tengo que levantarme más temprano y organizar todo. Si no lo hago así, no es posible”, afirma. En ese proceso, subraya la importancia de contar con una red de apoyo familiar sólida, la cual considera fundamental para continuar su formación científica.
Sin embargo, no todas las mujeres en el ámbito científico logran sostener ese equilibrio. Diversos estudios internacionales advierten que entre el 43 % y el 50 % de las mujeres en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) abandonan sus estudios, sus empleos o cambian de sector tras convertirse en madres.
Este panorama vuelve a poner en discusión la distribución de los cuidados y los roles de género que, en muchos casos, continúan asignando a las mujeres la mayor responsabilidad en el ámbito familiar.
Para Valeria, la presencia de mujeres en la ciencia no solo amplía la representación, sino que también transforma las perspectivas desde las que se investiga. “Tenemos otra forma de ver las cosas. A veces aportamos una mirada distinta que enriquece la investigación”, comenta.
En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la historia de Valeria evidencia que la participación femenina en estas áreas implica seguir abriendo camino en estructuras que aún reproducen desigualdades.
Y, sin duda, resulta indispensable reconocer el esfuerzo de las científicas que, como Valeria, dentro y fuera de la academia, continúan construyendo sus trayectorias profesionales mientras ejercen la maternidad.
